viernes, 20 de julio de 2007

Trío Guerrerense de Pepe Castañón


Pepe Castañón fue uno de los más importantes artistas del estado de Guerrero que luchó como nadie para lograr que la música de la entidad suriana fuera conocida nacional e internacionalmente. Muchas fueron sus creaciones que alcanzaron fama, sin duda la más gustada fue Tierra Colorada: "Soy costeño nacido en Guerrero, no me afrento de ser lo que soy; a mi nunca se me arruga el cuero, si me buscan dondequiera estoy". En la gráfica vemos a Pepe Castañón, primero de la izquierda, con su Trío Guerrerense, en la XEB, en 1936. Es una fotografía que nos proporcionó muy gentilmente otro gran artista e investigador nuestro, el profesor Javier Bernabé Díaz.

viernes, 20 de abril de 2007

Interior de la Catedral


Interior de lo que es hoy la Catedral de Santa María de la Asunción y fue el templo donde el 13 de septiembre de 1813 el cura Don José María Morelos y Pavón diera a conocer "Los Sentimientos de la Nación" que dan origen a la Carta Magna de México, en el Primer Congreso de Anáhuac. Hoy el templo exhibe grietas en su interior, en la pared que se localiza encima del Bautisterio y a esa misma altura en su frontis, debido a los temblores de tierra que se estremcieron al estado de Guerrero a principios de la semana que se inició el 15 de abril. Luego de que algunos funcionarios revisaron los daños acompañados del Padre Corona, responsable del templo, ordenaron a un grupo de pintores de "brocha gorda" pintar las fisuras, aunque la gente que acude al templo y la que pasa por la plaza central esté en riesgo permanente de sufrir ante la probabilidad de un desplome de ese sector del templo.

Carlos Ortíz Ortiz

Carlos Ortíz Ortíz
–Entrevista-
Héctor CONTRERAS ORGANISTA

“Cuarenta y siete años de estar en este oficio
de locos, así le digo yo al oficio del periodismo…”

El 8 de enero del año 2003 Héctor Contreras Organista entrevistó a Carlos Ortíz Ortíz en las oficinas del periódico COSMOS, El Universo de la Noticia en Guerrero, ubicadas en Ignacio Ramírez 23 de Chilpancingo.

-Me siento feliz, completamente feliz porque puedo saludar a un gran maestro del Periodismo guerrerense, pluma verdaderamente llena de inteligencia, de profesionalismo, de enseñanza, de compañerismo y más que nada de esa buena amistad que es Carlos Ortíz Ortíz. Carlitos, de verdad me emociona el que esté yo frente a ti para poder dialogar un poquito acerca de tu persona, acerca de nuestra profesión que es el periodismo.

“Héctor, el gusto es mío, me siento muy honrado en que periodistas como ustedes, tan distinguidos en la capital del estado, en Chilpancingo se ocupen de lo que queda de los periodistas viejos, ya con 47, casi 48 años de profesión de estar en este oficio de locos, así le digo yo al oficio. Es medio difícil, y seguimos vigentes, seguimos escribiendo, sigo siendo corresponsal de la Associated Press, de la Prensa Asociada, una agencia internacional, tengo 29 años de ser corresponsal, paso por inventario con los gringos, doy clases en la Universidad Americana y en el Centro Universitario Hipócrates. Soy uno de los maestros de la vieja hechura a los que evito que los alumnos de periodismo lleguen a las redacciones escribiendo vaca con “b” grande y con “k”. Estoy vigente, estoy trabajando muy duro haciendo libros; o sea, yo creo que me costó mucho trabajo llegar a mi edad. Tengo 64 años de edad, entonces tengo que cuidarlos, y tengo que dar, porque no tiene caso llevarse uno envidiosamente lo que aprendió. Hay que vertirlo en la juventud, todas las experiencias, todas las trampas, todos los trucos, todas las mañas a la que yo le llamo también la talacha. A mi gente, tengo un grupo con el que cubrimos eventos, congresos, convenciones, hacemos memorias, o sea, estamos trabajando muy duro. Tuvimos que entrarle al periodismo moderno, a la cibernética, conocemos programas, sabemos usar computadoras, desde las más modestas hasta las más avanzadas, manejamos los programas Linux, manejamos todo Windos, en fin, qué más quieres que te diga, mano… jajajaja”

-Carlos, ¿quiénes fueron tus padres? ¿dónde naciste?

“Yo soy originario de la tierra de Dios y María Santísima, de Tulancingo, Hidalgo. Mis padres fueron una maestra, psicóloga, escritora, Flavia Ortíz Aguilar, ella escribió (hasta la fecha me entrega la Editorial Utea algunas regalías de una obra que escribió mi madre hace cincuenta años) una obra que se llama Psicología de la Adolescencia y que es libro de texto de los psicólogos en la UNAM. Mi padre fue periodista, propietario de un periódico muy fuerte en Tulancingo, se llamaba Claridades, imagínate el nombrecito; fue presidente municipal tres ocasiones en Tulancingo. Por unas diferencias limítrofes de unos terrenos murió acribillado. Entonces mi madre nos sacó de Tulancingo, nos trajo a la ciudad de México y ahí es donde yo empecé, y claro, ya lo traes en la sangre, ya lo traes, y criado a la antigüita, pues, a los quince años ya conocíamos las obras completas de Julio Verne, de Emilo Salgari, o sea la lectura que es lo que le da vida a que escribas, y la imaginación, leer alimenta la imaginación del humano, y yo creo que eso fue una base muy importante, y con la sapiencia de mi madre como maestra, que terminó y murió siendo maestra en el Distrito Federal, y con una asociación Pro-Patria, de ex alumnas de la Normal de ella, a mi me apoyaron mucho, me llevaron, me trajeron, ingresé al Ejército, logré mis grados y lo que tu quieras. Mi primera experiencia fue escribir en la revista del Ejército, justamente, y de ahí al Universal, como suplente tres años y ya, desde entonces. Te estoy hablando de 1950”.

-¿Cómo es que llegas a Acapulco y te envuelves en el periodismo local?

“A raíz de la muerte de mi padre, como hubo la amenaza de acabar con toda la familia, no nomás en Guerrero se dan esos casos, también en Hidalgo y en muchos estados, nos sacaron a mis hermanos y a mi. A mi me mandaron con un tío que trabajaba en Acapulco y vivía en Acapulco con su Mamá, y él se convirtió en mi padre de crianza, ahí estudié dos años y me regresé a la ciudad de México a estudiar, y seguí estudiando y fui a Puebla y de Puebla al Ejército, pero yo creo que me dieron agua de coco en Acapulco porque finalmente regresé y me casé con la que fue mi novia en la Escuela Primaria, que era la madre de Carlos. Carlos es el primogénito, me casé con ella y tuvimos hijos, seis hijos, ella falleció hace ya muchos años y por eso regresé a Acapulco, y como ya venía de El Universal, ya llegué a Trópico, que en esa época era el periódico más conocido, y el más fuerte y bueno, yo no sé porqué, por algo sería, por la experiencia que ya traía de los periódicos nacionales, entré como reportero de policía pero al mes y medio reporteaba policía y hacía y cabeceaba primera plana, y posteriormente me encargué de la página editorial. Al año ya era jefe de redacción de Trópico en el que permanecí mucho tiempo, de ahí salí a la fundación de Novedades de Acapulco, y en esos años te acuerdas que yo venía a reportear, siempre a trabajar mucho, mi vida ha sido de trabajo”.

-¿En qué año ingresas al Trópico de Acapulco?

“En 1958, exactamente el 8 de enero de 1958. Fíjate hoy es 8 de enero justamente, sin querer, qué casualidad. Ingreso con una información que, me llamó el propietario y fue la principal trabajada al estilo México. Llegué a romper los parámetros de la redacción periodística, la tradicional de provincia. Yo llego y pum: concreto y praz, praz, praz, como es mi estilo, ¿no?”.

-¿Quiénes fueron tus compañeros en El Universal y luego en Trópico?

“En El Universal, uuuuujule. Ya caminaron, ya están en otro ámbito, pero por ejemplo fue don Demetrio Bolaños, Roberto Piña, Luis Jordá Galeana, El Chato José Luis Oropeza, pesista olímpico; Joaquín Capilla, que hacía sus pininos por ahí; Arturo Parra Zúñiga estaba haciendo sus pininos en El Universal, en deportes, pero estuvo muy poco tiempo, Jorge Planc, todos ellos ya fallecieron, de ellos medio me acuerdo. En Trópico todavía viven algunos, están ahí. Estaba Jaime García Guillén, Arturo Parra Zúñiga, Enrique Díaz Clavel, Andrés Bustos Fuentes, Arturo Escobar es un amigo de toda la vida que nos saludamos muy groseramente pero nos hablamos de usted, jajajaja. Entonces todos ellos, Manolo. Los muchachos no, porque Raúl no escribía, muy rara vez. Pancho nunca escribió. Jaime García Guillén, Juan Balbuena, el Marquéz de Pinillos que le decíamos nosotros; el Pollo, Anituy Rebolledo, mucha gente muy conocida”.

-En esa época el periódico más fuerte era El Trópico de Acapulco pero andaba por ahí por ahí La Verdad de Acapulco, de don Nacho de la Hoya, después sale Revolución…

“Era La Verdad de Nacho de la Hoya, que era el periódico popular, el del pueblo, grueso, muy pesado, con un tiraje extraordinario para la época y para los sucesos que había en Acapulco. Era un tiro de seis a siete mil ejemplares diarios, un tiro increíble, era muchísimo, porque yo creo que había solamente diez mil gentes que sabían leer, y más que nada eran las fotos, las fotos de un compañero que está ya muy enfermo pero que todavía vive, Amador Corona, está ya muy grande, pero también estaba El Sol de Guerrero, de los Valdez, de Donato Valdez, pero entonces estaban todos. Estaba Jorge Valdez, no el actual, al que le dicen El perro, sino su papá, su tío Antonio, Toño el de la distribución; su tío Donato el de la administración y Reemberto, el de la información. Era un equipo, los hermanos hicieron una buena empresa, nada mas que a don Reember le dio por venirse a Chilpancingo, y entonces hubo un hueco ahí que no lograron llenar porque Jorge era fotógrafo, nada mas; no escribía nada. Donato no escribía absolutamente nada, entonces, cuando se vino don Reemberto a Chilpancingo, se acabó”.

-Carlos, sería imprudente, lo sabemos tú y yo en un momento dado, preguntarte con qué personajes has convivido, a qué personajes has entrevistado, porque la lista es inmensa, además de la gente que se ha recibido en Acapulco. Acapulco es Acapulco y has tenido la oportunidad de entrevistar a mucha gente. Hace un momento hablábamos de tu entrevista con García Márquez, con el Gabo. ¿Qué otros personajes recuerdas?

“Me acuerdo por ejemplo de Eisenhower, siendo presidente de los Estados Unidos, también Jhon F. Kennedy, Lindon B. Jhonson, el Sha de Irán, Tito, de Yugoslavia; la Reina Isabel. En tres ocasiones he entrevistado al Príncipe Carlos porque en sus viajes que hace, Acapulco es escala técnica, entonces hay oportunidad de entrevistarlo, ya sea en el salón oficial del aeropuerto o a bordo del avión real, muchísimos, increíble. Acapulco era un parámetro de todo mundo; todo mundo llegaba, yo creo que por eso la Agencia Internacional para la que trabajo me tiene considerado como importante, porque eran mis notas siempre notas internacionales. Es lo que te da vida, te da respetabilidad. Allá en los Estados Unidos de Norteamérica un periodista de mi edad es un señorón, es un santón, ya no trabaja, salvo cuando hay casos muy especiales, te hablan y te comisionan, por favor observe cómo trabaja nuestra gente y si hay algo, nos lo manda. Y yo reporteo igual que sus enviados, y mando y resulta que sale mi nota, será por la experiencia, tu sabes que los años te enseñan muchas cosas, cuando quieres”.

-Carlos, no sé cómo hacerte esta pregunta. Pero cuando se es periodista y se vive y se disfruta el viaje, la entrevista, el observar los detalles de equis acontecimiento, y luego llegar a la máquina y vaciarlo, es una emoción, es uno mismo realizado completamente, y eso eres, eso es Carlos Ortíz Ortíz. Te digo que no sé cómo hacerte esta pregunta porque tú eres un show frente a la máquina. La gente que te lee, te lee y disfruta lo que escribes pero yo creo que los que tenemos la oportunidad de leerte y de verte escribir, eres un show frente a la máquina, lo digo con respeto y con admiración, porque tienes un estilo único de sentarte frente a la máquina. No he visto a otro reportero que lo haga como tú, que llenas y parece que estuviera ahí La Matancera, La Santanera, eres una variedad escribiendo, ¿cómo te defines ahí?

“Bueno, yo creo que como bien dices tú, el reportero, yo sigo considerándome un reportero, tienes que ser así, tiene que soltar todo lo que trae, tienes que ser muy sensible, tiene que haber vivido en la pobreza, en lo peor, conocer todo; nada es malo, aunque sea malo para todo mundo para uno no es malo porque uno tiene que saber vivirlo, saber cómo es. A mí muchas veces me han preguntando: oiga, ¿usted no se ha dado nunca un toque de marihuana? Les digo, no me dado un toque pero he congeniado con diez mil marihuanos, y los conozco, y conozco sus reacciones, unos más, otros menos. Igual con la cocaína y con las drogas en general. Soy miembro de los Centros de Integración Juvenil, desde hace muchos años, he sido gente fuerte, de trabajo muy duro ahí, por la cosa de las adicciones de la juventud; tengo quince hijos; he tenido la suerte de que ninguno haya caído en problemas. En esta época es una ventaja, y si han caído lo han sabido disimular muy bien. Volviendo a la máquina, es que tu máquina es tu corazón. Lo que tú sientes tienes que hacérselo sentir a ese objeto, aparentemente frío. No, no, no. El también comunica, él participa en la comunicación que tú le das. Entonces, yo sí soy muy especial porque me desparramo como la verdolaga. Saco un papel y una foto, y esto, y empiezo, y empiezo a ordenarme. No soy lo que yo exijo como maestro: Deben ser ordenados, y así y así y así. No es cierto: Yo soy el desorden personificado, toda mi vida he sido así, y soy de los que sí, terminando un texto lo leo en voz alta. Yo creo que es el mejor consejo para un redactor: Leer en voz alta lo que acaba de escribir, y solito se va a dar cuenta donde esté la falla, a la hora que se da la falla, si es un buen lector, se detiene uno. Ahí está la falla y hay que arreglarla, cuando no hay coordinación de ideas, cuando no hay sintaxis, en fin todo eso se aprende o lo trae uno y ya. ¿Qué te diré? Debo decirte que ahora ya soy un fracaso, ya no puedo escribir en máquinas mecánicas, me acostumbré a la computadora, pero añoro. En tu casa tengo un archivo de máquinas, tengo una Remington 12, que fue una de las primeras en las que yo escribí, no era esa precisamente pero la tengo ahí como un recuerdo y tengo otras de otro tipo, tengo como once máquinas que no ocupo. La máquina la traes en el corazón, y ella también comunica, calienta el material también y aguanta que les des el jalón (del papel): ¡No puedo! Eso le pasa a todos los redactores, hay ocasiones en que no puede vaciar lo que trae. O lo vacía y lo lee después: ¡Que idiota, se me fue esto y se me fue esto otro y ya, corriges, pero bueno, ahora la redacción es muy diferente, es muy concreta, muy completa, muy sencilla, nada de palabras rimbombantes, ya debe ser una información muy directa, el tiempo lo exije; ya la sociedad no tiempo de ponerse a leer lo que antes hacía yo. Por ejemplo, a un crimen le daba yo diez cuartillas, ahora le doy media cuartilla, por muy importante que sea. Ahora el alumno de periodismo debe aprender mucho a tener el poder de síntesis, debe aprender mucha gramática y debe leer muchísimo. Ya tiene hasta lo que escribimos nosotros”.

-Carlos, ¿has guardado tus libretas, tus anotaciones?

“Tengo como setencientas y pico de libretas de taquigrafía, donde están todos mis apuntes, de ahí he sacado muchísimas cosas. Por ejemplo, en el Novedades de Acapulco trabajé muchos años, ahí saqué una serie de crímenes famosos que fueron de las libretas viejas. Ahí saqué los detalles y apoyado en los expedientes penales”.

-¿Qué me comentas de tus proyectos de libros?

“Bueno está en revisión un libro que pretendo que se imprima, es una coedición con la Universidad Americana de Acapulco, intento que se llame La Prensa Escrita en Guerrero, Siglos XIX y XX, y pongo la palabra que me permite el error. Antes de la Historia escrita, le pongo: Apuntes. Eso nos abre un espacio para que otros, si quedó algo fuera de ahí, otros le entren y la enriquezcan. En este libro viene todo un apéndice cronológico de todos los medios que logré encontrar, que son más de 3 mil y pico de medios en todo el estado, y he contado con la ayuda de muchos compañeros periodistas, mayores o mucha gente que no tenemos archivos pero tenemos muchas testimoniales, que es con lo que he hecho una investigación de quince años y ahí la llevo, ya la terminé. Tienen que ser dos tomos. En ese peregrinar recogí periódicos viejos. Tengo por ejemplo uno que se llama El Diseño, era de La Unión, de 1905, y es un periódico que lo vas a ver que está mejor que los actuales: Perfectamente hecho, y se imprimía en Acapulco, en el taller de don Samuel Muñúzuri, ellos fueron editores, fueron impresores y ellos recibieron en 1872 un reconocimiento en España como impresores, como los mejores impresores, increíble. Y también está ahí el testimonio y todo. De estos 74 testimonios vivientes es muy difícil porque hay muchos que están haciéndose pedazos ya. Eso no pienso dejarlo aquí en Guerrero, pienso donarlos a la Hemeroteca Nacional porque son los únicos que tienen especialistas para conservarlo, primero. Los meten en vacío, en cristal con vacío y así se quedan ya, pero además servirá para que el estado de Guerrero tenga presencia en la Hemeroteca. No tiene presencia. Tiene muy poca presencia Guerrero, el estado, y con eso ya son 74 esfuerzos que hicieron muchos antecesores nuestros, que nadie se hubiera preocupado”.

-Oye Carlos, permíteme nuevamente felicitarte, reiterarte mi admiración por tu trabajo periodístico. Quisiera también saber cuáles son los reportajes que trascienden, que se quedan escritos en tu corazón.

“Uy, híjole, hay muchos. Por ejemplo un reportaje muy grueso fue el de don Caritino Maldonado, la muerte de Caritino Maldonado, me tocó cubrirla de pe a pa para El Universal, la AP, para Acapulco. El asunto de Sofia Bassi, ese me tocó cubrirlo completamente; el de López Cisneros. El coprerazo, me tocó vivirlo, casi me iban a matar; bueno, hay muchos. Un secuestro. Por ejemplo, el primer secuestro en Acapulco, que fue al Papá del ingeniero Farill Novelo, don Jaime Farill Novelo. Me tocó estar en el rescate. Me lo dio la policía a mi mientras ellos detenían a Octaviano Santiago Dionisio y a todos ellos. Mientras a ellos los detenían yo saqué al secuestrado y me lo jalé para sacarlo de la cueva donde lo tenían en un cerro. O sea, yo viví muchas cosas con la policía porque me hice de afecto de ellos. Un periodista que los criticaba mucho pero los apoyaba mucho, les daba su lugar como entes humanos y entendedor de sus pocos recursos, de su falta de escuela, de que eran policías por ser policías, pero no sabían nada. Ahora creo que están peor”.

-Carlos, tu mensaje a los jóvenes…

“Mi mensaje a los jóvenes: Que deben ver la vida con mucha seriedad, México está en un tiempo nuevo, tiene que cambiar y no precisamente por los partidos políticos, eso no es cierto. Los partidos políticos son el vaivén de la economía nacional, nada más. Tenemos que cambiar, los mexicanos ya somos otros, los mexicanos no tenemos porqué agacharnos ante nadie. Hemos demostrado amor por la letra, amor por el arte, amor por la cultura, pues hay que hacerlo. En el ámbito periodístico deben decir siempre la verdad. Vender espacio, no criterio. Es muy importante eso. Le da a uno respetabilidad. Yo creo que más que otra cosa, a mí me pasó eso. Yo no vendí mi criterio. No aparezco nunca en una lista de embutes, o de sobres, o de cosas de esas, y eso me ha dado mucha respetabilidad en los gobiernos, con los funcionarios, y además estudiar; nunca dejar de estudiar. No sentirse la Mamá de Tarzán; al contrario: Yo me recibí como periodista a la edad de 52 años, gracias a don Mario Vázquez Raña que me dio la oportunidad de estudiar en la Iberoamericana. Claro, trabajaba yo en la noche en El Sol de México, hacía veinte planas, llenaba veinte planas, pero no importa, yo logré eso y tengo en la sala de la casa tuya, tengo una mención honorífica de la Ibero que dice: Para el abuelo de la generación, porque yo tenía esa edad, y todos eran jovencitos, 24 o 25 años y se estaban recibiendo, y sin embargo yo les gané en calificaciones a todos, es decir hay que estudiar mucho. Nunca debe uno dejar de estudiar, siempre hay algo que aprender, todos los días. Como la cosa básica del periodismo al abrir la puerta está la noticia, a la vuelta de una esquina está la noticia. Hay que tener ojo, nada más para verla y sentirla”.

-Carlos, te agradezco profundamente esta oportunidad.

“Al contrario, Héctor. Mi corazón con ustedes.

-Muy amable, gracias. Igual.